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  Pongámosle un nombre a esa unión!
por Jorge López  Sologaistoa(*). Agosto 30, 2007

Que nos dejen usar la palabra “matrimonio” no es la discusión.  Las comunidades de la diversidad sexual buscamos respeto.

La posibilidad de que las parejas del mismo sexo exijamos la figura legal del matrimonio ha despertado la indignación de las personas más conservadoras, ello por sus creencias religiosas y la dificultad que tienen para aceptar que el Estado de Guatemala está obligado a brindar protección a “todas” las familias, sin ninguna distinción. Actualmente el Código Civil –de Guatemala– protege solo a aquellas familias conformadas por un hombre y una mujer, y cuya finalidad básica está orienta a la procreación; sin embargo existen familias que no encajan en el “modelo tradicional” y –a pesar de ello– necesitan reconocimiento del Estado y respeto de la sociedad.  La Constitución Política de la República de Guatemala garantiza la protección de la familia y promueve su organización sobre la base del matrimonio; la Constitución establece –además– la igualdad de derechos de los cónyuges, y no hace distinción entre sexos. Así queda claro que no existe ningún impedimento constitucional para que las parejas del mismo sexo optemos a la merecida protección del Estado.  

En el año 2005 las iglesias Católica y Evangélica –juntas– presentaron un Anteproyecto de Ley para tratar de “ratificar” que el matrimonio solo pueda ser celebrado entre un hombre y una mujer –ello, gracias a los “buenos oficios” de un diputado evangélico– situación que para nosotros no representaría ningún problema, si no fuera porque las opiniones vertidas desde los púlpitos propician crímenes de odio relacionados con nuestras identidades sexuales. En aquella oportunidad –en el 2005– el resultado más evidente fue 17 horrendos asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, sin mencionar todas aquellas agresiones –menos visibles– que ocurren en otras esferas de nuestras vidas públicas y privadas.  

Los defensores de los derechos humanos –que trabajamos desde las comunidades de la diversidad sexual– hemos decidido evidenciar que el Estado de Guatemala no cumple con su obligación de asegurar el bienestar de nuestras familias y continúa permitiendo la intromisión irrespetuosa de las iglesias.  

A partir de octubre del 2007, OASIS estará participando en la celebración de “bodas morales y espirituales” de parejas del mismo sexo, en respaldo de aquellas personas que desean comenzar a ejercer su derecho al reconocimiento. Estamos conscientes de que esos acontecimientos pueden colocarnos en mayor riesgo social, pero tenemos la convicción de que la única forma de hacer cambios es sentar precedentes que permitan –en un futuro quizá no tan lejano– gozar de una mejor sociedad. Si no es ahora, entonces... ¿cuándo vamos a discutir el tema? Necesitamos encontrar urgentemente mecanismos orientados a proteger nuestros intereses económicos y culturales. 

Respetuosamente invito a los lectores de www.gayguatemala.com para que discutan al respecto de los derechos que deberían ser reconocidos a las parejas del mismo sexo en Guatemala, comprendiendo que –en nuestras comunidades– hay personas que a diario soñamos con el bienestar de nuestras familias. 

(*) Director Ejecutivo de la Organización de Apoyo a una Sexualidad frente al Sida (OASIS)

 

 

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