Dom19112017

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Haciendo Justicia con mi Propia Mano.


Una publicación homofóbica en “El Periódico” el domingo 24 de enero con el propósito de lastimar, denigrar y desacreditar a un ser humano, -que tiene padres, abuelos, sobrinos, amigos- hace referencia no solo a una persona en específico, sino a todos nosotros, “Los Maricones” una minoría olvidada en este país, a la cual se le niegan derechos y sobretodo la oportunidad de existir. Quien la escribe es un diablo disfrazado de periodista

que utiliza de nuevo la burla y la violencia para agredirnos. 10 días antes, la historia nos daba una razón para celebrar, Sandra Moran era juramentada como Diputada en el Congreso de la República, la primera Diputada abiertamente lesbiana en la historia del País, pero muy poco nos duró la fiesta.

 

Publicaciones cobardes como esa, nos recuerdan que hemos vivido una historia de terror por siglos, donde está prohibido soñar con un País para todos. Ni pensarlo!!! Diría la gente de bien. Hemos sido castigados a disfrazar nuestras emociones y deseos y condenados a la vergüenza eterna.

Y es que ser la oveja negra de la familia, el gay de la clase, el hueco de la cuadra o el “Maricón del Periódico”, en un país como el nuestro, es impensable e imperdonable. -“Que van a decir tus tías? Los de la iglesia? Qué ejemplo le estas dando a tus sobrinos? Jamás te voy a perdonar que seas hueco”-

De que nos tienen que perdonar?

De enamorarnos de aquel que nos hace reír todo el día.

De usar la ropa y los colores que nos gustan y que por cierto nos quedan bien.

 

De que me tienen que perdonar?

De amar mi cuerpo desnudo junto a otro o a otros, depende de lo que tenga ganas de hacer.

De sentirme amado, cuando el calor del placer entra por mi ano o de no usarlo simplemente para cagar o tirarme pedos, sino también para dar y recibir amor.

 

De que te tienen que perdonar?

De verle las nalgas al vecino y soñar con William Levy.

De amar la vida, de vivirla, de arreglarte para ir a la disco cada sábado.

De que nos tienen que perdonar?

De preparar nuestras banderas y carteles cada año para ir a la marcha.

De no sentir vergüenza de exigir nuestros derechos y soñar con un país para todos.

No voy a pedir perdón de ser quien soy, ni de amar a quien amo, así que no hay nada que perdonar.

Los insultos de los ayudantes de las camionetas, de los periodistas del peladero o de otro medio de comunicación, del Padre de la parroquia en algún pueblo alejado o del Pastor de aquella gran Iglesia en Carretera a El Salvador, o hasta de los Policías, no me asustan, no me intimidan y no me lastiman. Somos Ciudadanos de este país, no solo habitantes y debemos entender que hay un montón de mentiras acerca de la homosexualidad, y solo cuando dejemos de creer en ellas seremos al fin libre. Hasta que actos cobardes como estos dejen de pasar en este país injusto, tendremos que seguir haciendo justicia con nuestras propias manos.

Por Ionatan Ramirez

Haciendo Justicia con mi Propia Mano, con un lápiz y un pedazo de papel, aquí, en el exilio.