Mar25092018

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Yo también tengo un sueño.


Plaza de la constitución de Guatemala, durante el día del orgullo LGBTiQ 2018

Hace mucho tuve un sueño, en el cual la esperanza era grande y la vida digna de ser vivida. Soñé con que el amor nunca moriría. Recé porque Dios fuese indulgente.

Me siento feliz por poder parafrasear y compartir el mensaje que hace años Martin Luther King proclamaba, buscando la inclusión y el reconocimiento de los derechos de las personas afroamericanas, solamente que con algunos cambios respecto a la época.

 

Hoy, retomando algunas de aquellas palabras, quiero hacer la lucha propia, una lucha que no es nada diferente a lo que en aquel tiempo lo era la segregación racial.

Pertenecer a la comunidad LGBTIQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Intersexuales y Queer) ha sido sumamente difícil desde que inició el movimiento en Stonewell, pero era necesario iniciarlo para poder luchar por nuestros derechos, para poder dar un mensaje al mundo de amor.

Casi cincuenta años después, las personas LGBTIQ, no son libres. Casi cincuenta años después, la vida de las personas LGBTIQ sigue todavía tristemente atenazada por la indiferencia, la homofobia y las cadenas de la discriminación. Cincuenta años después, la comunidad aún sigue viviendo en una isla solitaria de rechazo, de odio y de intolerancia. Cincuenta años después, la comunidad sigue sintiéndose arrinconada y se siente exiliada en su propio tierra.

Hoy nuestro país, como muchos más países, ha defraudado el garantizarle a la comunidad sus derechos, reconocidos como fundamentales en nuestra Constitución, en donde utópicamente establece que todos somos libres e iguales, pero en donde seguimos siendo esclavos del odio y el rencor por ser “distintos” a lo normal. Hoy es obvio que nuestro país ha defraudado estas garantías que nos asisten en lo que se refiere a la comunidad.

En vez de cumplir con esta obligación, Guatemala ha dado a la comunidad un cheque malo, un cheque que ha sido devuelto marcado “sin fondos”. Sin embargo, nos negamos a creer que el banco de la justicia esté en quiebra. Nos negamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes arcas bancarias de las oportunidades de este país.

Hoy debemos cobrar ese cheque, un cheque que nos dé mediante reclamación las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.

Es tiempo que las promesas de la verdadera democracia sean reales, tiempo de alzar nuestra voz en busca de que la justicia sea una realidad para todos, y le guste o no, para todos los HIJOS DE DIOS.

Mil novecientos sesenta y nueve no es un fin, sino un comienzo. Un comienzo de reconocer y dignificar a la comunidad, en cuanto a derechos y libertades. No descasaremos hasta tener garantizados cada uno de nuestros derechos.

En el proceso de conseguir nuestro legítimo lugar, como comunidad, no debemos ser culpables de acciones equivocadas. No busquemos saciar nuestra sed de liberad bebiendo de la copa del encarnizamiento y del odio. Debemos conducir siempre nuestra lucha en el elevado nivel de dignidad y la disciplina. No podemos retroceder en esta lucha, no podemos caminar solos.

¿Cuándo estaremos satisfechos? Pues no podemos estar satisfechos mientras exista el odio, el rencor y la discriminación. Mientras no podamos amar y nos debamos esconder. Mientras seamos víctimas de la homofobia. Mientras se nos considere como depravados, anormales o lo peor. Mientras no tengamos derechos, mientras no podamos tomar la mano de quien amamos. Mientras sigamos en el olvido entre la indiferencia de un pueblo egoísta. Mientras el país siga siendo cuadrado y las corrientes religiosas nos tachen de enfermos.

Mientras los medios se llenen la bolsa del odio que generan sus publicaciones. Mientras no exista igualdad de género y educación en igualdad y equidad. Mientras no podamos gozar de libertades, mientras sigamos dejando credos porque se nos excluye.

Aún con las dificultades por derrotar, todavía tengo un sueño. Es un sueño profundamente enraizado al sueño de la paz y libertad.

Yo también sueño con que un día este país se pondrá en pie y cumplirá con el “Todos los seres humanos son libres iguales en dignidad y derechos... Los seres humanos deben guardar conducta fraterna entre sí”. Que contempla nuestra Constitución Política.

Yo también sueño con que un día podamos salir de la mano sin ser odiados, con la persona a quien amamos.

Tengo un sueño en donde mis hijos puedan vivir en un país en el que no se juzgará la orientación sexual, en donde lo que de verdad importará es la calidad humana.

Tengo un sueño: que un día no existan divisiones y podamos tomarnos la mano.

Tengo un sueño: que un día seremos libre de expresar nuestro amor. Sin escondernos.

Tengo un sueño: que un día la justicia será para todos.

Yo también tengo un sueño: que podamos vivir en paz, en donde no exista la homofobia. En donde seamos una sociedad civilizada y madura. Pero sobre todo podamos decir que somos LIBRES! AL FIN LIBRES! ❤️