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Varios biólogos han
estudiado el comportamiento de colonias
de delfines rotadores, y han comprobado
que ejemplares del mismo sexo, tanto
machos como hembras, hacen alarde de
arte amatorio bajo el mar, que pasa por
la copula o la felación.
Un hermoso ejemplar
de avestruz macho exhibe su plumaje como
preludio a un apasionado cortejo. Corre
hacia la pareja elegida, donde le dedica
una danza alocada que incluye picotazos
y salvajes embestidas. El pretendiente
es otro joven avestruz macho que no
parece rechazar la efusividad de su
compañero.
Los anteriores son
casos de comportamiento homosexual en la
fauna pero, ¿son hechos aislados en una
naturaleza dedicada a la reproducción
y, por lo tanto, plenamente
heterosexual? En ocasiones, la biología
ha obviado de sus observaciones las
muestras de homosexualidad en las
especies animales o los han tratado como
aberraciones o signos externos de
instinto animal, nada relacionado con el
placer. Sin embargo numerosos estudios
han probado que si bien las especies
mantienen relaciones heterosexuales que
cumplen la función reproductora, también
practican el sexo entre machos o hembras
para "darse un gusto al
cuerpo".
En el reino animal
existe la poligamia, aunque también hay
numerosos casos de parejas unidas de por
vida. Bisexualidad, travestismo
(animales que adoptan el comportamiento
del sexo opuesto, pero no lo practican
con los del suyo), el incesto homosexual
de los zorros, el sometimiento de los
albatros a sus congeneres, que alcanza
incluso la violación... y en cuanto a
practicas se puede desgranar todo un
kamasutra animal, que incluye el uso de
objetos a modo de dildos o manipulados
(se han descubierto casos de primates
que agujereaban hojas para
"poseerlas"). En resumen, la
naturaleza impone la reproducción, el
sexo hetero, pero no impide, por
ejemplo, que un pingüino macho
compagine su condición de
"fertilizante" con los
frecuentes escarceos junto a compañeros
del mismo genero.
El experto Bruce
Bagemihl resumió diez años de
observación y trabajos en el libro
"Exhuberancia Biológica:
homosexualidad animal y diversidad
natural", que es un compendio que
reune casi medio millar de especies a
las que se ha documentado sus practicas
homosexuales. Un comportamiento que
abunda en la vida cotidiana de insectos,
mamíferos, aves y animales acuáticos.
En el Parque
Nacional de Sudáfrica se han
documentado casos de ejemplares macho
que adoptan el rol de hembra receptiva
para disfrutar de las bondades de sus
compañeros del mismo sexo. Y hay mas,
algunas hembras de lagarto, que pueden
reproducirse mediante partenogénesis
(sin intervención de un macho),
mantienen relaciones con otras
lagartonas para estimular el trance.
Esta fauna tan
desinhibida también se diferencia por
la fidelidad. Existen parejas que nunca
llegan a copular, "rollos de una
noche", o por el contrario largos
matrimonios. Se ha observado una especie
de pájaro carpintero indio en
relaciones macho/macho, pero no
macho/hembra. Los gansos macho pueden
formar parejas unidas durante años; los
delfines botella, que solo se relacionan
con las hembras para la reproducción,
son más estables en sus relaciones con
sus ejemplares del mismo sexo. Algunos
biólogos sostienen que las parejas de
cisnes macho tienen mas éxito que las
"convencionales" a la hora de
sacar adelante una familia. ¿Una prueba
de la naturaleza a favor del derecho de
adopción para los homosexuales?. Entre
los primates y simios abundan las
experiencias homosexuales.
La ciencia, por lo
general en vanguardia de la humanidad y
libre de condicionamientos, se ha
mostrado con frecuencia reticente a
admitir que los comportamientos
homosexuales en el reino animal son
intencionados. Sublimados por el síndrome
del Arca de Noe o la idea que los
animales son estúpidos y esclavos de
los instintos, muchos biólogos solo
entienden el sexo entre animales como
actividad reproductora.
Según ellos, lo que
parecen relaciones homosexuales son
simples respuestas a otros estímulos, o
impulsos como el de dominación y
sometimiento, trueque por comida, alivio
de tensiones o una forma de saludo.
Otros aluden a la confusión de algunos
ejemplares, que no distinguen entre un
sexo y otro; incluso dicen que ciertas
especies, con su comportamiento
homosexual, intentan "poner
celosas" a sus parejas
heterosexuales. Cualquier excusa es
buena antes de admitir como homosexuales
o bisexuales a los animales.
Otras veces se han
intentado ocultar las evidencias de los
impulsos homosexuales en los animales,
para impedir que la opinión publica
piense que la homosexualidad es algo
natural, y no una desviación propia de
la mente desviada o perturbada. Así, se
sabe que la Comisión de Mamíferos
Marinos de Estados Unidos censuró un
articulo que describía la actividad
homosexual entre orcas. ¿Perderían
nuestro respeto y admiración las
ballenas asesinas al descubrirse su
punto gay?
Por fortuna, algunos
científicos han resistido estas
corrientes de rechazo y han investigado
para mostrar la homosexualidad animal.
El mencionado Bruce Bagemihl se situó a
la vanguardia de este grupo con su teoría
de la Exhuberancia Biológica: asegura
que, al contrario del concepto al uso,
la Naturaleza no se centra en la
reproducción de la especie, sino que
deja lugar a la búsqueda del placer por
el placer entre los animales. Según
Bagemihl, la vida se abre a
posibilidades infinitas, de una manera
primitiva y futurista al mismo tiempo;
el genero es caleidoscopio, las
sexualidades multiples y las categorías
macho-hembra se tornan fluidas y
transmutables.
Al defender una
amplia diversidad de relaciones en las
especies animales, el estudio sobre la
Exhuberancia Biológica se sitúa en la
línea de los trabajos que Alfred Kinsey
realizó en la década de 1950 sobre el
comportamiento sexual del ser humano, en
cuyas conclusiones se daba rango natural
a la homosexualidad. Aunque la Fauna no
es un reflejo de la Humanidad, y no
puede hablarse estrictamente de especies
"gays" o
"lesbianas", si podemos
referirnos a la Fauna Homosexual, un
ecosistema que da toda una lección de
convivencia a quien lo observa tal y
como es. La manada trata por igual a sus
miembros, no hay ningún sentimiento de
rechazo contra los compañeros
homosexuales. Como dice el zoólogo
holandés Maarten Frankenhuis "para
los animales es más fácil, solo tienen
que escuchar a la Biblia de la
naturaleza".
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